Coleccionando vinilos - 73 - EXTREMODURO - "AGILA" (1996)


1996, ese año terminaba la universidad, empecé mi primer trabajo remunerado y me adentraba en la difícil decisión de trabajar ya o estudiar un poco más, hacer el servicio militar ya o apuntarme a la objeción y a ver cuando me llamaban...etc, etc...Total, que al final opté por emplear un año y medio en hacer un par de cursos de postgrado y por las mañanas quitarme de encima esa "obligación" de la "puta mili".
Pero un poco antes de todo eso, unos meses antes, Extremoduro, ese grupo que había visto unas cuantas veces en la Sala Canciller de San Blas, viendo a Robe Iniesta en un estado lamentable, de repente publicaban "AGILA" y todo cambió.
Se seguiría drogando, de eso no hay duda, pero la droga sería de mejor calidad, de eso tampoco hay duda.
Alcanzaron el éxito, todo el mundo hablaba de ellos, y ahora de repente a todos les gustaba.
Uffff, a punto estuve de darles la espalda, pues suelo ser así con las bandas que de repente logran un super éxito porque se han comercializado un poco, etc....
Pero al final lo pensé y dije, "Ni de coña, amo a Extremoduro, no se han vendido ni un ápice" No tenéis más que escuchar las letras y siguen igual de hirientes que siempre.

Adoro a este disco y que me lo regalaran en vinilo por mi cumpleaños me hizo una gran ilusión.

Además tengo mi historieta particular con este disco, y es que el viaje de fin de carrera lo hicimos a Turquía, con la consiguiente paliza de kilómetros y kilómetros. Pero el viaje siempre era ameno porque en el walkman tenía una cinta con "Agila" grabado.
De ahí que cada vez que lo escucho, asocio imágenes y momentos de ese viaje, y eso es algo que me encanta con la música, asociarla a momentos de mi vida.

Hoy ruego me perdonen, porque la entrada ha quedado de lo más extensa con tres corta-pegas de lo más jugoso.





Increible trabajo el que he encontrado en DISCOSMUSICAYREFLEXIONES
Os hago la reverencia: 

Extremoduro - Agila (1996)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Ah, escuchar a Extremoduro supone algo balsámico, como un especie de bebedizo o elixir de juventud, apropiadísimo para descargar edad e hipervitaminarse a conciencia. Ha pasado tiempo de barbecho, pero hace unos meses volví a dar un tiento a Robe Iniesta & Company y la verdad es que me encuentro satisfecho. Mi contexto, en este caso, es bastante sencillo e incluye fiestas mayores en pequeños pueblos mesetarios donde los extremeños sonaban con fruición. Y en efecto, ese era uno de los ambientes donde Extremoduro sonaban en los 90. Uno de tantos. Pues precisamente a partir de “Agila” la popularidad de Extremoduro crece exponencialmente y alcanza un público muy diverso, más amplio y cercano al mainstream (dentro de un orden). De repente Extremoduro se convierten en abanderados del rock en español y fueron escuchados por gente, a priori, ajena al rock urbano, rock duro, etc. A todo ello ayuda a que la producción sea mejor y el sonido mucho más depurado que en discos anteriores.

No obstante, este éxito venía tras muchos años de trabajo y evolución. Con su tercer disco (cuarto si contamos el disco de maquetas del año 90, editado sin el permiso de la banda) “Deltoya” (1992) ya grabaron con una discográfica de cierto calado, DRO en este caso, produciéndose una mejora en calidad y sonido. La tendencia continuará con “¿Dónde Están Mis Amigos?” (1993) y “Pedrá” (1995), que fue un experimento extraño y colaborativo con miembros de otras bandas como Platero y Tú o Reincidentes, pero que fue lanzado por motivos comerciales bajo el nombre de Extremoduro; además el disco consistía en una sola canción de media hora más menos… El rock “transgresivo”, según su propia denominación, en su máxima expresión. Ya en estos primeros discos encontramos algunas canciones que con el paso del tiempo han devenido en clásicos notorios: “Jesucristo García”, “Pepe Botika”…

Como decíamos anteriormente la producción de “Agila”, así como la ingeniería de sonido en general, es notablemente mejor que en los discos anteriores. Gran parte de ello es culpa de Iñaki “Uoho” Antón, guitarrista de Platero Y Tú y muy implicado con Extremoduro durante gran parte de su historia. También aporta guitarras y teclados. No obstante no se trata solamente de la ejecución, las ideas también cunden y fluyen en forma de arreglos apoyados en saxos y otras secciones viento, toques acústicos, algún piano… Tendencia que irá dando lugar en siguientes referencias a producciones más ambiciosas, con alguna eventual renuncia a la innata visceralidad del grupo. La banda se completa, este disco, con Ramón Sogas al bajo, Alberto Gil en la batería y de Iñaki Setién en labores de guitarrista.

Es muy difícil hablar de Extremoduro sin mencionar la parte lírica del grupo. En efecto, Robe tiene varias virtudes como letrista, como por ejemplo la visceralidad y la creación de imágenes potentes. Estas imágenes cobran bastante fuerza por la yuxtaposición de vario registros; por un lado tenemos una vertiente lírica, imaginativa e incluso hermosa que viene acompañada por otros textos más sórdidos, vivaces o de algún modo “soeces” (sin que eso sea algo peyorativo necesariamente). Tal mezcla me parece particularmente propia y muy peculiar de los extremeños, creando un estilo que ha conseguido interesar a muchos fans casi al mismo nivel de la música. ¿Acaso no resulta un aliciente tener un letrista con personalidad? Incluso, como veremos a lo largo del disco, se pueden ver referencias a célebres poetas en castellano. Definamos “Agila” como un disco quinta esencial del grupo, donde todas las virtudes se muestran en su esplendor y lo hacen de una manera más definida, sobre todo por el apoyo de la parte técnica del disco. Buena muestra de que ambos elementos pueden ser simbióticos y de que pueden mejorarse mutuamente. La estilística de rock, con toques hard, y ambientes urbanos permanece inalterable.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Buscando una luna”: Y empezamos elegantemente ¿Pueden Extremoduro ser elegantes? Claro que sí. Buena muestra es la intro de la canción, a base de guitarras acústicas, saxofón y la voz de Robe recitando unos magníficos versos de Antonio Machado, correspondientes al poema “Por Tierras De España” (muy lúcida la observación machadiana de que, por éstas nuestras tierras, “vaga errante la sombra de Caín”). Después de esta delicatesen, la canción se transforma en rock con cierto brío, pero de menor intensidad al de otros más desaforados. Es una canción de tono sentimental donde Robe va encadenando con acierto hermosas frases: “…bajé las escaleras, sí, de dos en dos, perdí al bajar el norte y la respiración…”. Buen inicio de disco y un pequeño clásico.

2. “Prometeo”: Y las cosas comienzan a ponerse bastante rockeras en esta canción, mediante unas guitarras afiladas y trotonas y la expresiva voz de Robe a toda mecha. Tras la introspección inicial tenemos todo un chute de energía, y uno de los ejemplos de cómo las letras encierran varios contrastes dentro de sí: lo mismo recurre a Miguel Hernández y su poema “De Mal En Peor” (“no me levanto ni me acuesto día/que malvado cien veces no haya sido”), que poco después nos suelta de su cosecha estos “hermosos” versos llenos de candor: “me revuelco por el suelo y me revienta la polla”. ¿En qué otro grupo o solista se puede encontrar este contraste? Sin duda es una anomalía llamativa e insólita.

3. “Sucede”: Rock clásico, muy en la línea de Extremoduro, menos agresivo pero igualmente potente. Robe maneja muy bien los tiempos; comienza cantando despaciosamente para después hilvanar uno de los mejores estribillos del disco. Ágil, certero y divertido. Nuevamente tenemos un préstamo poético, en este caso proveniente del poema “Walking Around” de Pablo Neruda (“Sucede que me canso de ser hombre”). Para mí, sin embargo el momento lirico del disco es el recordatorio que hace Robe de algunos de sus héroes musicales fallecidos más o menos por esos años (“no he vuelto a ser el mismo desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón”). De mis temas favoritos del disco.

4. “So payaso”: El gran clásico de Extremoduro, probablemente su tema más conocido y gran responsable de la extensión del éxito a muchos ámbitos. Toques novedosos y muy notorios en forma de arreglos de viento, casi más patentes a ratos que la guitarra misma y dominio muy importante de Robe de la interpretación. Incidiendo en lo que decíamos en la canción anterior, el dominio interpretativo en las subidas, las bajadas, puentes y estribillo es magnífico. Por si fuera poco el punteo de guitarra también es bueno. Puede parecer una mera canción sobre el miedo al ridículo o sobre la inseguridad, pero por debajo bulle una mala leche considerable.

5. “El día de la bestia”: Canción compuesta para la película de Álex de la Iglesia e incluida en nuestro disco de hoy. Es un tema muy loco, saltarín, que mezcla pasajes heavies, otros de un especie de funk arrabalero, e incluso toquecillos pop aquí y allá. No tiene una estructura muy sólida, pero como objeto de diversión puede que valga. Cristianos militantes y sensibles abstenerse de escuchar la letra.

6. “Tomás”: Esta canción es un poco de coña, lo cual no es propiamente una descripción despectiva, sino constatar que probablemente fue concebida con esa intención. Canción de tempo rapidísimo, ligero, breve y con letra alusiva (se supone que de broma) al manager del grupo. Le dedican lindezas como: “hasta los chaperos te llaman traidor, eras la vergüenza de la profesión”. Simpáticos ¿eh? No tiene mucho que reseñar. Si acaso la participación del mítico teclista Reverendo, tan relacionado con El Gran Wyoming.

7. “Qué sonrisa tan rara”: Y la canción comienza con la colaboración a las voces de Albert Pla, suave, cálidamente (musicalmente, líricamente más bien no). Progresivamente la canción se va electrizando hasta llegar a un potente estribillo donde una desaforada voz de Robe clama a voz en grito: “dejadme de hablar, no me hace reír/ la gente normal se podía morir”. La letra tiene figuras un tanto extrañas, pero parece ser un refrendo del individualismo y la peculiaridad muy propias de Robe.
8. “Cabezabajo”: Canción penetrante y de mala uva contenida que comienza con, probablemente, el mejor riff de guitarra del disco: cortante, cadencioso y memorable. Buen número de hard rock, con bastantes recovecos y cambios de ritmo, pero el casi infalible estribillo siempre está presente. De mis favoritas del disco, una de las que más perdura. Robe, siempre visceral, da muestra de su rabia: “pierdo la razón cuando salen, de mi corazón animales”.

9. “Ábreme el pecho y registra”: Los primeros instantes son los propios de un medio tiempo, para dar lugar posteriormente a un estilo más hosco y áspero. De hecho esta canción también contiene varios cambios de ritmo y tempo, siendo el más notorio de ellos el del estribillo; en este punto la canción se vuelve sorpresivamente rápida. Muy buen trabajo de Inaki en los punteos de guitarra. En la letra, el estribillo es una declaración de intenciones: “si todo me sale de color de rosa, te prometo que esta noche tú no duermes sola/ y si nada me sale ¡vete a hacer puñetas! Y aún me debes mil rabietas”. Entónese con voz grave y gutural. Acaba con un poema recitado a voces de Sor Kampana, autor del que no se dar cuenta más allá de su colaboración con Extremoduro.

10. “Todos me dicen”: La canción empieza lenta (tras unos primerísimos momentos verbeneros), casi con trazas de balada, tristona y al son de unos versos de Román Romero Ruiz; uno de esos poetas prácticamente desconocidos a los que Robe gusta de homenajear. Mientras dura el aire de balada, la canción vuelve a ser incluso elegante. Luego, como viene siendo ya normal en el disco, diversos cambios de ritmo añaden músculo y poderío rock, toques casi funk y bastante caña al final. ¿Se dan cuenta de que en casi todas las canciones hay alguna variación rítmica? Esto es señal de que no estamos ante canciones ni pétreas, ni lineales, sino que la estructura es mucho más sinuosa y basculante de lo que parece. Extremoduro no es un grupo “simple”.

11. “Correcaminos estate al loro”: Robe viene hambriento, a por todas y directo al grano. Se trasmuta en el Coyote y a diferencia de los dibujos de la Warner el Correcaminos tiene las horas contadas. Una canción ideal para autoafirmarse y motivarse para lo que sea. No obstante, me parto con algunas de las imágenes que crea Robe para la letra: “Correcaminos estate al loro, que viene el coyote sentado en un vespino/y no tiene licencia y no tiene seguro…”. ¿Se imaginan una versión quinqui de los dibujos de esta guisa? La música está a tono, rock duro, fulgurante, directo, muy potente. Pura electricidad. La canción es breve y contundente, sin margen para respirar. Divertida, aunque no tiene el poso de otras.

12. “La Carrera”: La canción más áspera del disco en todos los aspectos (que ya es decir). Corte sórdido, de sabor punk, guitarras a tope y voz implacable. Produce impacto por la pegada decibélica y el estilo demasiado a ras de tierra de la letra, relacionada con la politoxicomanía. Aun así, no me parece que este muy desarrollada. Parece ser que fue un tema originalmente compuesto en los tiempos de Dosis Letal, un proyecto primerizo anterior a Extremoduro.

13. “Me estoy quitando”: Esta última canción sí que es de chufla, basándose en una especie de humor estupefaciente donde el protagonista asegura que “se está quitando” y solamente se coloca “de vez en cuando”. Ojo a la conversación inicial y a la estructura afirmación-respuesta de la canción, que por otra parte sigue los cánones del pop aflamencado. No hay mucho de rock aquí, colaborando nada menos que Fito Cabrales con el cajón y la guitarra española. Es una versión del grupo de rock andaluz Tabletom.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Creo que podríamos incidir en una idea que he expresado en una de las canciones: Extremoduro no es un grupo simple; gustan de jugar con cambios de ritmos, tienen ideas atrevidas (por ejemplo el disco “Pedrá”) y sus composiciones están lejos de ser lineales. Lo bueno de una producción en condiciones, es que asoman virtudes que de otro modo pasarían inadvertidas; toda buena composición necesita un buen traje a medida para lucir más. Y Extremoduro, al César lo que es del César, encontró un buen sastre en Iñaki Uoho. Extremoduro, supongo, recibirían el éxito de este disco como una recompensa, no sólo por “Agila” sino por todo lo anterior. Está muy bien ser un grupo de culto o estar circunscrito a un ámbito determinado, pero la lógica nos indica que si alguien se toma la molestia de componer canciones y editarlas es para que puedan ser escuchadas y para que tengan buena aceptación (sin dejar de ser honesto por ello). Y desde luego “Agila” tuvo muy buena acogida.

El tema de las letras resulta espinoso, y no para pocas personas, debido a las múltiples referencias a drogas, a sexo o a multitud de temas escabrosos. Para mí, si están bien hechas no hay problemas. Una temática puede ser un recurso literario más, a veces para subrayar la ironía, a veces para subrayar un componente trágico o a veces como descripción. Tampoco me gusta ese “situacionismo” un poco pacato según el cual tengo que identificarme en todos los aspectos con un autor o una canción. ¿Tengo que escuchar “Heroin” de la Velvet o “Sister Morphine” de los Rolling consumiendo heroína? ¿No puedo hacerlo tomándome un poleo-menta en casita? Aplíquese a Extremoduro. Además no solamente hay sordidez, también hay lirismo, belleza, emotividad y toda una galería de recursos sinceros y bien utilizados.

Después de este disco, y en vista del éxito, era un buen momento para editar un directo y de ese modo salió “Iros Todos A Tomar Por Culo” (1997), surtido de recientes éxitos y también de canciones primigenias un tanto ignotas; fue un buen paso y el disco tuvo buena acogida. ¿Y qué paso con toda la ambición artística que habían mostrado? Pues que se canalizó en un disco con toques más ambiciosos, a ratos casi sinfónicos, como “Canciones Prohibidas” (1998); fue un disco un tanto más irregular pero que contó con un hit impepinable como “Salir”. En 2001 llegó el homenaje al poeta Manolo Chinato que llevaron a cabo una fusión de Extremoduro y Platero Y Tú (Extrechinato Y Tú más concretamente); se llamó “Poesía Básica”, y si bien no tuvo excesiva repercusión, mostraba buenas muestras de rock melódico.

“Yo, Minoría Absoluta” (2002) fue el regreso propiamente dicho de Extremoduro como banda y también el regreso a sonidos más acerados y contundentes; puede recordar incluso a “Agila”. De todos modos incluye dos bonitas composiciones como “Standby” y “La vereda de la puerta de atrás”. Tras un recopilatorio en dos volúmenes publicado en 2004, llegó quizá su disco más atrevido “Ley Innata” (2008) con pocas canciones y composiciones largas, en algunos casos superando los once minutos. Es una vuelta a la idea de álbum conceptual, siendo toda la obra una suite dividida en varios movimientos. Los dos siguientes LP’s, “Material Defectuoso” (2011) y “Para Todos Los Públicos” (2013) serán más calmados y reflexivos y casi podrían ser catalogados como “discos de madurez”, a falta de un término mejor. Robe no descansa y en 2015 publicó “Lo Que Aletea En Nuestra Cabezas”; todavía no le he metido mano así que no diré mucho sobre él. Todo parece indicar que la tendencia a la reflexión continúa y que la rabia cada vez se va a atemperando más.

En cualquier caso piensen que uno de los encantos de Extremoduro viene derivado del hecho de que estamos ante un espécimen particularísimo, casi único en su especie y con una propuesta definida y radical. Fíjense en el título de uno de sus discos “Yo, Minoría Absoluta”, tremendamente significativo. Robe no pretende ser un gurú, ni movilizar ninguna masa; Robe no representa a nadie, salvo a sí mismo. Libertad individual absoluta.


Por cierto, “Agila” significa en castúo (dialecto extremeño) “espabila”, así que espabilen y si no han escuchado este disco, procedan. 


D. Roberto Iniesta Ojea, nacido en 1962 en Plasencia (Cáceres) es, sin la menor duda, el Rey de Extremadura por derecho propio. Tras intentarlo con una banda denominada Dosis Letal, en 1987 creó Extremoduro, una de las bandas fundamentales del rock patrio y que ha influenciado a multitud de músicos de todos los pelajes, desde Marea o Poncho K, hasta La Cabra Mecánica o los inefables Estopa.
Soy consciente que el Sr. Iniesta (y no es primo de D. Andrés) genera polémica, mucha polémica, tal vez porque siempre hace lo que le pasa por sus santos… y así, nos encontramos con gente que lo idolatra hasta límites insospechados, y gente que, sencillamente no lo pueden ni ver, ni oír ni mencionar; pero eso es lo que tienen los genios, que son amados u odiados sin término medio.
Nacidos, como decía en 1987, a principios de los 90 pocos rockeros eran los que no conocíamos himnos como “Decidí”, “Jesucristo García”, “Quemando tus recuerdos”, “Deltoya” “Ama, ama y ensancha el alma” y un larguísimo etc. Sin embargo todos esos temas inolvidables eran conocidos de una forma “underground”, eran conocidos entre la gente que escuchábamos rock pero nunca habían trascendido mas allá de la TDK que te grababa un colega y que poco a poco iba pasando de mano en mano. Además aquellos primeros discos tenían un sonido muy pobre que, por un lado hacían complicada su grabación con un mínimo de calidad en la mentada cinta TDK, pero por otro lado hacía como más suburbano todo, como mas salvaje, y eso, es la esencia pura del rock and roll, y nos hacía sentir especiales por saber de Robe y su banda, ya no solo por su inconfundible maestría, sino porque su música transgredía las mas elementales normas de composición musical y letrística (joder, Jesucristo García es la puta bomba!).
Sin embargo, este "Agila" cambió el rumbo de Extremoduro para siempre. Un sonido brillante de la mano de Iñaki “Uoho” Antón, por aquel entonces guitarra de Platero Y Tú, Dro, compañía discográfica, por fin se ponía las pilas y Álex de la Iglesia llamaba al "Robe" para que pusiese un tema en su peli, “El día de la bestia”, banda sonora fabulosa en la que también participaron, y de que manera, Def Con Dos.
Pues bien con todos esos mimbres, unas canciones cojonudas y rodeado de Iñaki Setién a la guitarra, Ramón al bajo, y Capi a la batería, Extremoduro, Roberto Iniesta, El Rey de Extremadura, entra en el estudio para grabar su sexto trabajo tras “Pedrá”; el que a la postre sería su obra mas importante, magnánima y que les llevaría a las mas altas cotas de popularidad, “Agila”. Todas y cada una de las 13 canciones de este disco se han convertido en himnos, de obligada escucha para todos aquellos que no odien a Iniesta, que haberlos hay los, y conforman un disco 10, sin fisuras, sin temas que sobren, con calidad a raudales y con una mala ostia que solo “el Robe” sabe escupir.
Y a pesar de continuar con sus letras ácidas y su música corrosiva, señoras y señores, este tío vendió 200.000 copias (que en España en 1996 y en un disco de rock era poco menos que una hazaña), le dieron el premio al mejor videoclip, “So payaso”, en los Premios de la Música, los medios “generalistas” por no decir algo feo, comienzan a darle cancha y Extremoduro se convierte en una banda de rock que, por fin, llega a las masas; de hecho el éxito alcanzado les sirve, además, para grabar su primer directo, “Iros todos a tomar por culo”, título que dejaba bien a las claras que una cosa era el éxito y otra su forma de parir música, y que si, que comenzaba a cosechar triunfos, pero él no se vendía a las modas, y desde luego mandar a tomar por culo a la peña no era la mejor forma de entrar en un redil en el que, se diga lo que se diga, el Sr. Iniesta jamás ha entrado, ya que como ha quedado dicho anteriormente, este tío hace lo que le sale de sus santos... cojones.
Yendo a lo que es el disco en sí, este ya incorpora una sección de vientos y otras instrumentaciones poco habituales, cuando no, inexistentes, en los trabajos anteriores e incluso los temas son más complejos en su desarrollo. Cuenta además con varias colaboraciones que iremos desgranando, y entre las que se encuentran, como no, las de el propio “Uoho” o “Fito”. A nivel letrístico, nos encontramos con retales de famosísimos poemas de no menos famosísimos autores como Neruda, Machado o Miguel Hernández, así como de otros menos conocidos como Sor Kampana.
El primer tema es la espectacular "Buscando una luna", con saxo incluido de José Sañudo y de la mano de Antonio Machado:
"Llanuras bélicas y páramos de asceta,
No fue por estos campos el bíblico jardín,
Son tierra para el águila un trozo del planeta
Por donde cruza errante la sombra de Caín."
nos traslada todo el mundo sonoro de un Robe que se sale, que interpreta el tema sintiéndolo en carne propia (he dicho interpreta, no canta, lo digo para los escépticos que pudieran decir, y con razón, que no es la quintaesencia vocal D. Roberto).
A continuación, "Prometeo", en el que cita a Miguel Hernández:
"No me levanto ni me acuesto día
Que malvado cien veces no haya sido"
Impresionante temazo con unas guitarras a mano de “Uoho” e Iñaki Setién crudas, salvajes, que hieren el alma.
Empieza la archiconocida, celebrada, cantada, obra maestra; comienza "Sucede", rompedora, éxito imperecedero, en la que Robe empieza invocando a Neruda:
"Sucede que me canso de ser hombre",
para hablar en una canción de gran fuerza, en la que nos revela hasta alguna de sus preferencias musicales:
“Desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón
¡¡Y me siento mejor!! Si sé que tengo una estrellita pequeñita pero firme".
Mucha rabia contenida al final de la canción en la que el Robe berrea como nunca, por favor que grande es esta puta canción, por dios!!.
Otro éxito imperecedero, otra obra maestra, de esas que conoce todo el mundo, hasta las huestes mas poperas y gafapasta de la piel de toro: "So payaso" una de las responsables del rotundo éxito que tuvo el grupo al lanzar el disco, pinchada hasta la saciedad a la altura del “No hay tregua”, de “Dolores se llamaba Lola” o “Vicio” de Reincidentes; no hay nadie que no haya escuchado esta canción. Extremo parecen una big band, con guitarras bestias, muy bestias, trombón de varas, “Uoho” tocando el piano y los granadinos Ratanera colaborando en un tema grandioso.
Y como resulta que estamos hablando de un disco tan tan grande, pues ala, si no quieres caldo, dos tazas!:
“Abre, la puerta…
que soy el diablo que viene a buscarte, abre,
… chiquilla, las piernas que vengo a clavarte semillas…”;
efectivamente, “El día de la bestia”, como decía antes incluida en la banda sonora de la película de Álex de la Iglesia del mismo nombre y otro trallazo inconmensurable del disquito de marras…. y ya van unos cuantos.
Llega “Tomás”, con Fito a la guitarra española, Reverendo al Hammond y, otra vez, Sañudo al saxo, para entregarnos un tema rápido, cortito pero vacilón que te arranca una sonrisilla y que sigue con esa calidad inmensa que tiene todo “Agila”.
“Dejadme de hablar,
no me hace reír,
la gente normal se podía morir, lalalalalalalala!!!....
Inmensa “Que sonrisa tan rara” con el gran Albert Plá, si, si aquel que hacía de cura en otra película bizarra como era “Airbag” y un tema que también debería estar registrado como 10 en la historia de la música de aquí.
A renglón seguido, “Cabezabajo”, tema complicado, con multitud de cambios de ritmo, con un inicio netamente heavy (para sus detractores diré que si la base de esta canción no es rock duro será que no tengo una mierda de oído), va dirigiéndose hasta terrenos mas melódicos, pero sin dejar de lado la rabia que caracteriza todo el disco.
En "Abreme el pecho y registra" cuenta de nuevo con Ratanera. Se trata de un muy buen tema, quizá un poco mas intimista, en el que Robe incluye retazos de un poema de Sor Kampana (Antonio Belarte Aliaga) para continuar con "Todos me dicen", con letra inspirada en un poema de Román Romero Ruiz, una balada, o mejor, tema a medio tiempo, mas intimista que la anterior, si cabe, que finaliza transformándose en algo similar a un tema con toque funk aunque, evidentemente, sin abandonar el rock.
Y para finalizar el disco, tres canciones exquisitas festivaleras, bailables y celebradas por todos, tales como "Correcaminos estate al loro", la punkarra "La carrera", que compuso en sus inicios con “Dosis Letal”, y la también conocidísima, para acabar, versión de los malagueños Tabletom de "Me estoy quitando", en la que directamente te parten la cara y te vacilan con el flamenco más chusco y barriobajero, navajero y roto; con Fito a la guitarra española y cajón y Sañudo a la flauta.
“Agila” fue un disco redondo que supuso el éxito inmediato de Extremoduro, pero no porque Extremo se hubiese vendido a nada (hay canciones en este disco duras y crudas para dar y regalar), sino porque quizá el sector musical pudo darse cuenta que en el rock había un filón importante que no había sido explotado. Respecto de Extremo no fue flor de un día, y a partir de 1996 ha sido, y sigue siendo, una de las bandas de rock mas importantes de este país; eso si, en el rock a nivel general, los grandes magnates-mangantes del negocio musical siguen a la suya sin dar a nuestra música la importancia que merece, al menos en España.
Respecto de Extremoduro, podrá gustar mas o menos, podremos estar mas o menos de acuerdo en aquello que nos describe a través de su música, pero resulta innegable que no deja indiferente a nadie.
Y, desde luego a ti, no lo se, pero a mí me hace disfrutar mucho, será porque…
“… Sucede que me canso de ser hombre,
sucede que me canso de mi piel y de mi cara
y sucede que se me ha alegrado el día, ¿coño”,
al ver al sol secándose en tu ventana tus bragas”.
Valoración: 
5

Roberto Iniesta: Voz y guitarra
Iñaki Setién: Guitarra
Ramón: Bajo
Capi: Batería

Extremoduro - So payaso (directo)


_Extraído de Libertad digital

'Agila': el disco con el que Extremoduro subió a los altares del rock

Si bien no fue la génesis de la banda, sí que fue la semilla del Extremoduro actual, especialmente, gracias a la presencia de Iñaki Antón.


Inevitablemente, uno asocia el significante "23-F" a los significados "Tejero", "Congreso de los Diputados" o "intento de golpe de Estado", por tratarse de uno de los momentos más dramáticos, tensos e importantes de la historia reciente de nuestra democracia. Pero quienes amamos el rock español de calidad también asociamos el significante "23-F" al significado "Extremoduro", porque el 23 de febrero de 1996, la banda liderada por Robe Iniesta publicó el disco que los convertiría, por fin, en una leyenda: Agila -que en castúo significa "espabila".
Agila no supone ninguna revolución en la calidad radical -de raíz, quiere decirse- de las canciones de Extremoduro. Desde que publicaran en 1989 su primer disco, el cochambroso Tú en tu casa, nosotros en la hoguera -reeditado y regrabado posteriormente, con el título de Rock transgresivo-, Robe Iniesta no hizo otra cosa que componer -algunas mejores, otras peores, claro- temas de alto nivel, voltaje, crudeza y belleza, en los que circulaban temáticas introspectivas, amorosas, libertarias y tóxicas. Aunque las joyas abundan en la producción anterior a Agila, aquí destacamos, por no alargarnos, estas tres: "Decidí", "Quemando tus recuerdos" y "Tu corazón". Vamos a escuchar esta última, perteneciente a Somos unos animales (1991), durante un concierto de la gira del año 2002:
El talento que supuraba "El Robe" era innegable, pero también su anarquía a la hora de grabar las canciones y, sobre todo, de tocar en directo: durante la etapa conocida como "Conciertos del Caos", la banda, como mínimo, improvisaba; por su parte, Iniesta provocaba al público -insultos incluidos-, cuando no acababa completamente desnudo en el escenario. Finalizada la gira, Robe cambia de músicos -la nueva banda estaría integrada por Mon, al bajo; Iñaki Setién "Milindris", a la guitarra, y "Capi", a la batería-, publica, dos años después de su grabación, el valiente Pedrá (1995) y, precisamente, en la presentación de este disco, avanzó cuatro de los temas que, finalmente, incluiría enAgila: "Cabezabajo", "Todos me dicen", "So payaso" y "Buscando una luna". Escuchamos el arranque del concierto:
El 5 de mayo de 1995, Extremoduro se dio su primer 'baño de masas' -oficial, se entiende- en el Palacio de los Deportes del Real Madrid, también dentro de la gira Pedrá. En ese show, amén de tocar "Buscando una luna", la banda presentó otro tema que sería incluido en el inminente disco: "Correcaminos, estate al loro".

Iñaki Antón, determinante

Robe Iniesta dio forma a sus nuevas canciones desde La Zubia (Granada), donde por entonces vivía. Pero los temas que conformaríanAgila debían pasar por otro filtro, el del por entonces guitarrista dePlatero y Tú -y colaborador habitual, pero no miembro fijo, de Extremoduro-, Iñaki Antón, conocido como "Uoho" desde la infancia por una imitación que hacía del Oso Yogui.
Según cuenta Antón a Javier Menéndez Flores en De profundis. La historia autorizada (Grijalbo, 2013), mientras este se encontraba en Ciudad Real, apareció Raúl Guerrero, manager de Extremoduro, y le dijo: "Pues nada, que me ha dicho Robe que suba y que te baje pa' Graná, que tú eres un cabrón y te vas a volver a Bilbao". El genial guitarrista acudió a la llamada de Iniesta y se filtró por las canciones, puliéndolas, maquillándolas, alejándolas del sonido más sucio y descuidado de los discos anteriores. "No solo se ocupó de la producción -cuenta Robe-, sino que todo lo que es organizar las canciones fue casi como lo hacemos ahora". El 23 de febrero de 1996, la banda desveló el resultado final y, con ello, dejó de ser un grupo marginal por los siglos de los siglos.

Extremoduro nunca sonó tan bien

Agila cuenta con algunas de las canciones más populares de Extremoduro, como "Buscando una luna", "Prometeo", "Sucede" y "So payaso". Es el primer disco en el que la banda identifica a los poetas que cita. Encontramos versos de Antonio Machado -en "Buscando una luna"-, de Miguel Hernández -en "Prometeo"-, de Pablo Neruda -en "Sucede"-, de Sor Kampana -el poema vertiendo polvo es incluido en "Ábreme el pecho y registra"-, y de Ramón Romero Ruiz -"Todos me dicen" deriva de un poema suyo-.
Estamos ante un gran disco de rock, compuesto por una docena de canciones sobre amor/desamor, drogas, marginalidad y transgresión. Como es habitual en la obra de Robe Iniesta, encontramos grandes dosis de lirismo fino alternando con expresiones soeces -por ejemplo, en "Prometeo": "Me revuelco por el suelo y me revienta la polla / de pensar en ti: me desangro y riego tu jardín", o en "Cabezabajo": "Sin hacer prisionero a ninguno, / atreverse a su lado a pasar / recordando cerrar bien el culo, / ¡demasiado tarde pa' cambiar!"-, versos duros -especialmente, contra todo lo relacionado con la autoridad policial: "Quiero ser carnicero con nuestros carceleros", en "El día de la bestia"-, oirónicos -"Hago un esfuerzo / pa' respirar pa' fuera y luego pa' por dentro, / pa' reventar haciendo mucho ruido, / hay quien pensaba que era un nuevo dios naciendo / y era un peo de un exquisito cocido", en "¡Qué sonrisa tan rara!". Quizás sea "So payaso" la canción más conocida de este LP:

Tras la publicación de Agila, la prensa empezó a hablar bien de la banda -cosa inédita hasta el momento-, los conciertos fueron definitivamente multitudinarios -destacar la gira junto a Platero y Tú- y, en definitiva, arrancaron "Su Etapa" -con mayúsculas-, erigiéndose como el mejor grupo de rock de, como mínimo, los últimos 20 años. Así, si bien Agila no fue la génesis de Extremoduro, sí que fue la semilla del Extremoduro original, especialmente, gracias a la presencia de "Uoho", miembro fijo desde la publicación de su siguiente disco de estudio: Canciones prohibidas. Para este último trabajo también se sumó su actual baterista, Cantera, y en el siguiente, Yo, minoría absoluta, Miguel Colino, el actual bajista, quienes forman el cuarteto -básico- actual. Repito: quienes amamos el rock español de calidad tenemos mucho que celebrar recordando la publicación de esta obra de arte.

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