Sonidos de América Latina - VOL 46 - ALMENDRA "Almendra" (1969)


Uno de los discos más antiguos de los que se pasarán por aqui es esta obra maestra del pop argentino.
El clásico "Almendra" de los propios ALMENDRA, donde empezó su carrera un tal Spinetta.

Folk rock de autor con grandes letras de esas de las que necesitas varias escuchar para adentrarte en ellas.

Se ha escrito y escrito y escrito sobre esta obra, así que no quiero decir mucho más, y así no os quito tiempo para esta extensa entrada que hoy toca porque la banda lo merece. No vayas a Argentina y critiques a Almendra porque saldrás apaleado, con los mitos no se juega.


Personal

-Luis Alberto Spinetta: Guitarra, guitarra rítmica, armónica, coro y voz
-Emilio del Guercio: Bajo, flauta, coro y voz
-Edelmiro Molinari: Guitarra, bajo, órgano y coro
-Rodolfo García: Batería, pandereta, cascabeles, percusión, piano, silbido y coro

Invitados Especiales:

-Pappo, Sam y demás cirqueros: Coros en Figuración
-Santiago Giacobbe: Órgano en Ana No Duerme
-Rodolfo Alchourron: Guitarra, arreglos y dirección en Laura Va
-Rodolfo Mederos: Bandoneón en Laura Va


hay que reconocer cuando la gente de wikipedia hace un buen trabajo y el reportaje sobre este disco es para quitarse el sombrero.
Aqui os lo dejo:

Almendra o más habitualmente Almendra I, es la denominación con que se conoce el primer álbum de estudio de la banda argentina de rock Almendra, lanzado en 1969 por RCA Vik. La portada del álbum solo dice "Almendra".
Tuvo influencia decisiva en la fundación del subgénero musical conocido en la Argentina como "rock nacional" y en la creación de una nueva canción rioplatense.1
Está considerado el sexto mejor álbum del rock argentino en la lista de los 100 Mejores elaborada por la revista Rolling Stone.2​ El tema "Muchacha (ojos de papel)" con el que abre el álbum, es un clásico del rock en español y ha sido considerada la segunda mejor canción de la historia del rock argentino.34
Almendra estaba integrada por Luis Alberto Spinetta (guitarra y primera voz), Edelmiro Molinari (primera guitarra), Emilio del Guercio (bajo y coros) y Rodolfo García(batería). En el tema "Figuración" participa Pappo en coros, y en el tema "Laura va" participan Rodolfo Alchourron dirigiendo una orquesta y Rodolfo Mederos en bandoneón.

    Contexto[editar]

    1969, el año en que fue grabado el primer álbum de Almendra, era un momento de fuertes convulsiones sociales y políticas, tanto en el mundo como en la Argentina. El mundo estaba tensionado por la amenaza de un holocausto nuclear y la Guerra Fría entre "el mundo capitalista" liderado por Estados Unidos y "el mundo comunista" liderado por la Unión Soviética. En ese contexto se conocían las atrocidades de la Guerra de Vietnam. Y en América Latina se producían los movimientos de liberación nacional, muchos de ellos apoyados en organizaciones guerrilleras, que tomaban como modelo la Revolución cubana de 1958, a la vez que Estados Unidos impulsaba desde la Escuela de las Américas, la instalación de dictaduras militares en todo el continente.
    Dos años antes había sido asesinado el guerrillero argentino-cubano Che Guevara en Bolivia y el año anterior los jóvenes franceses habían sacudido al mundo con un levantamiento conocido como el Mayo francés, mientras que en Estados Unidos arreciaban las protestas contra la Guerra de Vietnam. En Argentina se había instalado una dictadura militar en 1966 y en 1969 ya se producían sublevaciones masivas como el Cordobazo de mayo de ese año.

    The Beatles expresaron las transformaciones de la década de 1960. En 1967 habían publicado su álbum Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band que tendría una fuerte influencia sobre Spinetta y los integrantes de Almendra al concebir su primer álbum.
    Con ese entorno social y político, en la segunda mitad de la década de 1960 estalló mundialmente la etapa contracultural del rock and roll: la beatlemanía, el movimiento hippie, el pelo largo, el jean, la minifalda, el unisex, la revolución sexual.567​ En agosto de 1969 medio millón de jóvenes se reúnen en el Festival de Woodstock.
    En Argentina, en la década de 1960, se estaba produciendo una profunda renovación de la canción popular en todos los géneros, como el Nuevo Cancionero en el folklore, el tango de vanguardia que expresaban artistas como Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, y la canción infantil con María Elena Walsh.
    En ese momento el rock era un género musical esencialmente anglosajón, que solo excepcionalmente se cantaba en español y cuando se hacía, sufría la desvalorización mediática y social, además de carecer casi siempre de originalidad musical y profundidad lírica. Pero, sobre todo a partir del éxito del sencillo "La balsa" de la banda Los Gatos en 1967, comenzó a aparecer una corriente rockera original, conocida como "rock nacional", cantado en español, que adquirió una masividad creciente y una fuerte capacidad de identificación entre los jóvenes.8
    En ese contexto aparece Luis Alberto Spinetta, con solo 19 años, y el primer álbum de Almendra, que resultaría decisivo para la conformación del "rock nacional" y de una nueva canción popular.19

    Antecedentes[editar]

    Almendra había terminado de conformarse como banda en 1968 para debutar en enero de 1969, junto con el lanzamiento de su primer simple, "Tema de Pototo"/"El mundo entre las manos". La banda obtuvo un reconocimiento inmediato y grabó dos simples más ("Hoy todo el hielo en la ciudad"/"Campos verdes" y "Gabinetes espaciales"/"Final"). En abril de 1969 la discográfica RCA empezó a grabar su primer álbum, pero recién saldría a la venta a comienzos del año que viene.

    Portada y códigos del "hombre de la tapa"

    La tapa del disco consiste en un dibujo del propio Spinetta, que representa a un hombre caricaturizado -el "hombre de la tapa"-, con una remera rosa que dice "Almendra" y un gorro a rayas rosadas y blancas, que está llorando y tiene una flecha de juguete adherida a la cabeza.
    La empresa discográfica intentó desechar la ilustración, perdiéndola intencionalmente, pero Luis Alberto la volvió a dibujar, exigiendo que la portada se realizara según sus instrucciones.10
    La tapa está relacionada con los temas, ya que en la contratapa, junto a una foto de Almendra tocando ante una multitud, estaba la lista de temas, identificados solo por su orden y por el símbolo que el correspondía a cada tema: la lágrima, el ojo o la flecha-sopapa:
    • Lágrima: "Muchacha (ojos de papel)", "Figuración", "Plegaria para un niño dormido" y "Que el viento borró tus manos";
    • Ojo: "Color humano" y "A estos hombres tristes";
    • Flecha-sopapa: "Ana no duerme", "Fermín" y "Laura va".
    A su vez en el afiche interior se encuentran las letras, los créditos y la explicación de los símbolos:
    • Lágrima: "temas que están en el brillo de la lágrima de mil años que llora el hombre de la tapa".
    • Ojo: "temas que canta el hombre de la tapa desmayado en el vacío".
    • Flecha-sopapa: "temas que les cantan los hombres a esa lágrima del hombre de la tapa, atados a sus destinos".

    Los temas


    Foto de Spinetta abrazado con Cristina Bustamante, la «muchacha» de la canción, durante un recital de Almendra, en 1970. "Muchacha (ojos de papel)" es el tema con el que abre Almendra I. Se transformaría en una de las canciones más exitosas del rock argentino de todos los tiempos.
    El álbum está integrado por nueve temas, todos ellos destacados dentro del cancionero del rock argentino. Siete temas pertenecen a Spinetta, uno a Edelmiro Molinari y el restante a Emilio del Guercio. El sonido del disco refleja una variedad de raíces musicales, desde el tango y el folklore, hasta Sgt.Pepper de Los Beatles, combinadas creativamente sin esquemas preconcebidos y con una complejidad poética que parecía incompatible con la difusión masiva, aunque ya el tango se había caracterizado por un sólido vínculo con la poesía.
    El primer tema es "Muchacha (ojos de papel)", una balada acústica que se volvería un ícono del rock argentino y latinoamericano. Le sigue "Color humano" de Edelmiro Molinari, un extenso rock pesado de 9 minutos, con un solo de guitarra de cinco minutos que rompía con las pautas comerciales de la discográfica. El tercer track es "Figuración", tema complejo con influencias de Salvador Dalí, que preanuncia las futuras obras complejas de Spinetta, en el que aparece Pappo en coros y se ven las licencias literarias con las que sorprendió Spinetta, como la diástole (acentuación en la sílaba siguiente). El lado A cierra con "Ana no duerme", un rock rápido sobre una adolescente que "espera el día".
    El lado B abre con "Fermín", una canción conmovedora sobre un niño con discapacidad mental que es abusado y enviado a un hospicio. Le sigue otro tema similar, "Plegaria para un niño dormido", sobre un niño de la calle, famoso también por su diástole («plegariá»). El tercer tema es "A estos hombres tristes", tema complejo en la línea de "Figuración". Los últimos dos temas son "Que el viento borró tus manos", bello tema de Emilio del Guercio caracterizado por la flauta, y la innovadora "Laura va", con los notables arreglos orquestales de Rodolfo Alchourron y el bandoneón de Rodolfo Mederos.

    Impacto cultural

    Un álbum histórico considerado en reiteradas ocasiones como el mejor álbum del rock argentinoNota 1​.
    Al cumplirse 40 años del lanzamiento del álbum, Del Guercio reflexionó así sobre el significado del mismo:
    Hoy aquellos temas son clásicos pero, en ese momento, eran considerados de vanguardia. Con el tiempo me di cuenta de que la mayoría de ellos están enhebrados por la tradición cancionística de nuestro país. Son canciones argentinas. La verdadera vanguardia revoluciona lo que hereda. Almendra, fue heredero de la mejor música argentina y combinó sus elementos sin ningún prejuicio.
    Emilio del Guercio1
    Tuvo un impacto fundacional en la música popular argentina. En 1985 el periodista Carlos Polimeni realizó una compulsa entre periodistas y músicos destacados del rock argentino sobre los álbumes más influyentes del rock argentno. De los 31 músicos que contestaron,Nota 2​ 23 de ellos escogieron el primer álbum de Almendra, seguido lejos de Yendo de la cama al living de Charly García con 12 elecciones y en tercer lugar otro álbum de Spinetta, Artaud, con 10.11
    Si bien el álbum fue muy exitoso entre la juventud, muchos periodistas y medios de comunicación la criticaron duramente, en especial el diario Clarín, que entre otras cosas cuestionó las métricas y las acentuaciones de Spinetta.12​ Precisamente esas métricas y acentuaciones poéticas, como la celebre "plegariá" de "Plegaria para un niño dormido", fueron una parte notable del impacto y la innovación que el álbum tuvo en la cultura popular. Spinetta ha dicho que aquella actitud cerrada de los medios de comunicación ante el álbum Almendra I fue la que lo llevó a tomar conciencia de su papel negativo y a tener desde entonces una relación de mucha tensión y sospecha.12
    A los tipos les reventaba que yo acentuara mal, tipo "plegariá" y otras pavadas así, y gran parte de la resistencia que tengo hacia la prensa nació en ese momento, cuando me di cuenta que varias revistas masivas como Gente o Siete Días hacían notas y tergiversaban las respuestas.
    Luis Alberto Spinetta12
    Al fallecer Spinetta, la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner manifestó su pesar haciendo referencia al impacto que el álbum tuvo en su vida y definiéndolo como el "disco de la lágrima":
    Aquel disco de la lágrima, cuando a los discos les decíamos long play, y "Muchacha ojos de papel", nunca los olvidaré.
    Cristina Fernández de Kirchner13
    El álbum Almendra impactó en ese contexto, definiendo la originalidad, la masividad y la calidad del llamado "rock nacional" argentino en gestación.
    Se trata del disco que abrió una dimensión nueva en la canción argentina, la de la canción con armonías de marcado cuño beatle fusionados con elementos del tango, el jazz y el folclore, que luego transitarían Charly García, Fito Páez, Andrés Calamaro y tantos otros.
    Juan Francisco Gentile.14

    Lista de temas

    Lado A
    1. Muchacha (ojos de papel) - Luis Alberto Spinetta - 3:04
    2. Color humano - Edelmiro Molinari - 9:09
    3. Figuración - Luis Alberto Spinetta - 3:32
    4. Ana no duerme - Luis Alberto Spinetta - 2:42
    Lado B
    1. Fermín - Luis Alberto Spinetta - 3:16
    2. Plegaria para un niño dormido - Luis Alberto Spinetta - 4:01
    3. A estos hombres tristes - Luis Alberto Spinetta - 5:56
    4. Que el viento borró tus manos - Emilio del Guercio - 2:36
    5. Laura va - Luis Alberto Spinetta - 2:47



    Con la conmemoración del 45 aniversario, varias publicaciones, artículos y reediciones salieron de "Almendra". Os dejo con este repaso en laizquierdadiario.com

    El 29 de noviembre de 1969 se cristalizaba en un LP la música de la primer banda de barrio que supo cimentar la canción en castellano en un nivel hasta ese momento desconocido.
    Ya son 45 años del lanzamiento de uno de los discos y de las bandas más influyentes de la historia del rock nacional, Almendra, que dentro de su repertorio cuenta con temas que hoy ya son clásicos indiscutidos, pero que allá por el 69, eran la vanguardia en el ambiente del rock.
    La música de Almendra muestra un abanico de ideas que dieron por tierra con la normas para hacer música en Argentina. La metáfora junto con la poesía, entramadas en melodías sugestivas a la idea de que “algo más” existía que cantar en inglés (idea que predominaba en la mayoría de los grupos), dio fuerza y argumentos a un sector de la juventud a cantar en su idioma y romper con el fetichismo de la canción en inglés como idioma establecido.
    “Somos seres humanos… Sin saber lo que es hoy un ser humano”
    La nueva dimensión que abrió el disco puede sintetizarse en el tema “Color humano”, que mezcla diversas concepciones, desde The Beatles hasta el jazz y el tango, dio rienda suelta a la creación artística por fuera de los marcos de la industria musical, de hecho la duración de la canción ampliaba los ya clásicos tres minutos que debía durar un tema. Almendra fue concebido, tenía su propósito: "La premisa de crear una música con una libertad de horizonte total. Almendra no fue una casualidad”. Así describía Spinetta el proyecto que existía en la banda. Y se ve confirmado en cómo irrumpió en el naciente rock argentino.
    Desde la tapa del LP dibujada por el Flaco, resistida por la discografía alegando que se había “extraviado” el boceto original, pasando por la descripción de los temas que estaban enumerados sin el nombre y en su lugar una lágrima, un ojo y un destapador de inodoros, contando el estado sentimental que la canción expresaba fue, además de novedoso, sinónimo de algo que hasta el día de hoy a muchos le parecería extravagante; hasta llegar a su música, la forma que tomaba su arte.
    Los Larkins y Los Esbirros fueron las bandas que se fusionarían dando dando vida a Almendra, en 1968. Spinetta comenzó tocando en Los Larkins, al tiempo que dividía sus ensayos entre las dos bandas. Los Larkins que eran liderados por Rodolfo García, futuro baterista de la banda, y en Los Esbirros tocaban Edelmiro Molinari (guitarra eléctrica) y Emilio Del Guercio (bajo). Con el paso del tiempo, el Flaco Spinetta fue haciendo confluir a los dos grupos, donde vale recordar al tecladista fugaz Santiago “Chago” Novoa, que dejó sin motivo la banda. Se llamaron originalmente “Los Beatniks”, luego “La Organización”, “El Tribunal de la Inquisición”, hasta se propuso el nombre “Vicuña”, y “Aquelarre” (banda posterior de Del Guercio y García), hasta llegar a “Almendra”.
    Eran finales de 1968, con la dictadura de Onganía en el Gobierno y en la calles, el Cordobazo estaba a la vuelta de la esquina. Los mismos jóvenes a los que les llegaban a principios del 69 el simple con las canciones “Tema de Pototo” y “El mundo ente las manos”, fueron los mismos que en mayo del mismo año daban comienzo, junto a la clase obrera cordobesa, a un período de aguda lucha de clases que planteó la necesidad de la lucha por el poder, período que se cerraría con el golpe de Estado de 1976. Es así como Almendra, como expresión artística de la juventud, hacía fines de los 60 formó parte de una generación que vivió un período fundamental de la historia argentina, como lo fue la intervención de las coordinadoras obreras en todo el país.
    Música y arte en Almendra parecen ser dos categorías que el lenguaje no dificulta para pensar la banda. El disco es un todo, es conceptual. Nada de él se debía explicar por fuera del mismo disco, que logra una relación profunda entre lo artístico y lo sonoro.
    En esa relación también, quien escucha tiene un lugar consciente para la banda. Semanas antes de la salida del disco, Almendra repartía un volante escrito a máquina que decía: "A lo largo de seis meses de intenso trabajo, de proposición total hacia lo que es nuestro, hemos comprendido que lo que en un momento puede llegar a trascender deja de ser exclusivamente propiedad del autor y se transforma en algo legítimamente de todos. Por eso el 15 de enero es una fecha importante tanto para nosotros como para ustedes. Es la salida de nuestro primer long play. Es nuestra salida hacia ustedes". Esa relación, esa “salida hacia ustedes (nosotros)” es la marca imborrable de un disco que plantó bandera y hoy sigue sonando.

    "Muchacha"


    Cómo hice: "Muchacha ojos de papel", Almendra - Canal Encuentro
    Creada por Luis Alberto Spinetta, es una de las canciones más influyentes del rock argentino. Estrenada en vivo en junio de 1969 en el Teatro Coliseo, formó parte del álbum Almendra I, considerado uno de los mejores álbumes del rock argentino.



    Y para terminar, un gran repaso al disco que he encontrado en la web rockeros-blog.blogspot.com


    Por Diego Fischerman


    En 1968 había que esperar que pasaran “Hey Jude” en Modart en la noche para poder escucharlo. Hendrix y Pink Floyd ya existían pero, en Buenos Aires, casi nadie lo sabía. Había algunos grupos que cantaban en castellano, pero la música resultaba poco distinguible de las canciones “mersas” de Palito Ortega, Violeta Rivas y Sandro. Un año antes había salido un simple, un disco con sólo dos temas, de Los Beatniks: “Rebelde” y “No finjas más”. Y estaban Los Gatos y “La balsa”. Con esos pocos datos se quiso construir, más adelante, una historia y una leyenda. Pero ésa era una época y una ciudad que había hecho de “lo distinguido” un tópico central, y en que la invención del rock nacional pasó desapercibida o fue rechazada por casi todos, identificada por unos con lo grasa (se cantaba en castellano), por los que medraban con el tango con la traición a la patria (Cadícamo llegó a escribir una letra donde llamaba “cretinos” y “turros” a los que escuchaban “a los Beat’s”) y por mucha de la juventud con la contrarrevolución. A pesar de eso, y aunque sus efectos no fueran percibidos hasta mucho después, en 1968 pasó algo que cambió ese panorama para siempre: apareció Almendra.

    Cierto público había convertido en manual de instrucciones las ironías de Landrú, con sus divisiones entre los mersas y la GCU (gente como uno), después devenidos “lo in” y “lo out”. Ricardo Alejandro Kleinman, el creador y productor de Modart en la noche ,era el hijo del dueño de la sastrería que patrocinaba el programa. Y fue el que, además de promover a cantantes “comerciales” como Sabú o Heleno, fue a ver a Almendra cuando ensayaba en una casa del Bajo Belgrano y le hizo firmar contrato para la RCA Victor. Su programa reflejaba esa apuesta. Allí se irradiaba música distinguida (obviamente “in”), es decir rigurosamente cantada en inglés, de artistas como Gary Puckett & The Union Gap o Bill Deal and The Rondells. Kleinman buscaba imponer, mezclados con ellos, las novedades de Led Zeppelin, Cream, The Who o Traffic que irían apareciendo entre 1968 y 1970. Y su proyecto era que en ese menú hubiera, también, música cantada en castellano. Pero ya no cancioncitas bailables o más o menos pasatistas sino un equivalente argentino de las búsquedas estéticas del rock post-Revolver, que es lo que consumía la juventud con poder adquisitivo, en su mayoría universitaria, en Europa y los Estados Unidos.

    El proyecto, en ese sentido, fracasó. Los universitarios argentinos, por razones de otra índole, estaban demasiado ocupados en aprender a tomar mate y escuchar folklore. Y el público del naciente rock argentino terminó siendo otro, muy distinto del imaginado. Pero de esa idea quedó lo que fue el verdadero comienzo (tan cercano del final, por otra parte) de una música jugada en lo estético, riesgosa, aventurera, capaz de dar cuenta tanto de los sonidos de su época (Beatles, Procol Harum, The Who, el primer Pink Floyd) como de la mezcla que un joven porteño tenía entonces en la cabeza: zambas cantadas en la escuela, tangos mal escuchados en la radio y, en muchos casos, infinidad de canciones propias ya compuestas, un poco a la manera de Los Gatos y otro poco a la de las baladas de moda en ese entonces, como la de la película Los aventureros. De esa aventura, que incluyó las primeras revistas que hablaron de esa música, como Pin Up, Cronopios, La Bella Gente y, un año después, Pelo, y festivales como el Buenos Aires Beat o B.A. Rock, quedó Almendra.

    En 1968, lo que después se llamó rock no entraba en los diarios. Es más: allí no había crítica de música popular. El pionero, en esa materia, fue Jorge Andrés, en sus notas para la revista Análisis y, un poco después, en el diario La Opinión. Por eso cuando se dice, como en el folleto de la caja que reúne toda la producción de Almendra, que “la crítica los aprobó y el público los adoró”, es mentira. El público era escaso y crítica no había, si se descuenta lo que se publicaba en Pin Up que, más bien, respondía a modestas operaciones de prensa de los sellos grabadores para imponer ese nuevo producto, la “música beat”, que entre 1968 y 1970 inundó el mercado. Sólo así se explica que pregonaran los méritos de artistas de los que no sabían ni el nombre, como se desprende de la primera mención referida a Almendra en esa revista, en el Nº 5, de agosto del ‘68. Allí se lee: “Almendra se llama el conjunto que, seguramente, se va a convertir en la sensación de la primavera porteña. El capo del grupo, José Luis (sic), según algunos de los más entendidos músicos beats de Baires, está destinado a ser una especie de prolífico Lennon argentino: tiene alrededor de sesenta temas compuestos, ‘uno mejor que otro’, según dicen. Almendra ya está grabando sus temas y el mes que viene RCA los lanzará al mercado”.

    La primera grabación, en realidad, sería el 20 de agosto, bastante después de que esa temprana exégesis hubiera sido escrita. Ese día, Almendra registró “Tema de Pototo” y “El mundo entre las manos”, y la primera de esos dos canciones comenzaría a ser difundido en Modart en la noche a partir del 5 de septiembre, quince días antes de su publicación. Ambos temas tenían muchos más lazos con la balada juvenil (en parte por los arreglos orquestales y la profusión de trompetas perpetrada por la producción del sello discográfico) que con el rock más evolucionado del momento, cuya filiación aparecería con más claridad, recién, en el tema principal del segundo simple, grabado el 2 de octubre y editado el 2 de diciembre. Allí, en “Hoy todo el hielo en la ciudad”, había una guitarra distorsionada y estaban el vibráfono filojazzístico de Mariano Tito, un pitido electrónico à la Pink Floyd y una de las letras más inquietantes que pudieran imaginarse. En una ciudad donde “el cielo ya no existe” se perforaba el hielo para volar y observar, tan sólo, más hielo. Y, mientras “inmóvil ha quedado un tren” y “no hay nadie que pueda ayudar”, los niños saltaban de felicidad.


    “Antes de seis meses, no menos de 30 grupos de virginal anonimato lograron un contrato de exclusividad con alguna grabadora o productor independiente”, escribía Jorge Andrés, en un artículo publicado por Análisis el 30 de marzo de 1971. Allí citaba a un “buscador de talentos” de un sello grabador, diciendo que “en la Capital hay por lo menos un conjunto en cada manzana”, y afirmaba: “Al cabo de dos años de imprudente utilización, el rótulo música beat comprende ahora cualquier tipo de grupo, con la condición de que sus participantes sean jóvenes, no importa si practican una cerrada investigación underground o se dedican a las tonterías más calculadoras”. Para ese entones, ya todo había sucedido.

    El 21 de noviembre del año anterior, Almendra había actuado en el primer B.A. Rock, en el Velódromo, estrenando gran parte de los temas de su doble, que terminaría de ser grabado seis días después y se publicaría el 19 de diciembre. En esa ocasión, la canción “Rutas argentinas” había sido chiflada por gran parte de los asistentes. Era “música comercial” para los oídos de barricada azuzados por la revista Pelo y su taxativa taxonomía: progresivo o complaciente. El 25 de ese mes sería la última actuación, en el cine Pueyrredón de Flores. Lo mejor de lo que vendría después tendría que ver con esos mismos personajes (en Aquelarre, Pescado Rabioso, el disco Pintada de Del Guercio, Invisible, Jade, las producciones solistas de Spinetta, Los Socios del Desierto) y con algunos pocos de los epígonos que comenzaban a surgir: Charly García, Fito Páez, Baglietto. Y quedaba, como piedra fundante, un álbum doble y un simple desparejos, pero con momentos ejemplares como “Hermano perro”, “Los elefantes”, “En las cúpulas”, “Agnus Dei” o esa obertura de una ópera fallida donde se mezclaba el Pete Townshend de Tommy con un pie rítmico de candombe. Y un disco que sería, para siempre, el mejor de todos. Una tapa que llevaba al diseño la estética de carpeta escolar era allí la puerta de entrada a un mundo heterogéneo, donde, a la manera de los Beatles, cada canción era una sorpresa y donde las mejores tradiciones del rock (búsqueda, inconformismo, curiosidad, afán por conquistar nuevos territorios musicales) se daban la mano con una Buenos Aires de cosmopolitismo conflictivo. 

    En esa ciudad en que la policía se dedicaba a cortar el pelo a “los hippies” y las minifaldas eran consideradas inmorales, y donde Piazzolla se hacía masivo hablando de medios melones en la cabeza y de polizontes en un viaje a Venus, podía aparecer una canción como “A esos hombres tristes”, con sus resonancias de los Swingle Singers y del Burt Bacharach de Butch Cassidy and the Sundance Kid, su lectura del jazz a lá Brubeck y su profunda melancolía. Dónde si no aquí podía haber un rock que cantara cosas tan hogareñas como una hermana que no duerme, historias tan tristes como la de una despedida final en una estación o los “barcos de papel sin altamar” en los dedos de un niño, y mensajes de amor tan ingenuamente precisos como aquel en el que le pedía a una muchacha que soñara “un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana suba el sol”. Dónde si no en Buenos Aires podrían haber aparecido esas canciones que, todavía, suenan tan diferentes a todo.

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